sábado, 28 de marzo de 2009

Areté

Cuando era joven... quiero decir, más joven de lo que soy ahora un día mi costillo me hablo del "areté". Por lo poco que encontré y he encontrado por Internet, veo que el "areté" para los griegos era algo así como "lo bueno" o "excelencia o perfección de las personas o cosas". Pero tal y como me lo contó mi costillo y como tengo yo el concepto asimilado, el areté es aquella virtud o vocación para la que hemos sido puestos en la tierra. Y sólo quien conseguía encontrar su areté conseguía la felicidad.

El caso es que siempre me ha rondado ese pensamiento por la cabeza. Creía no tener areté, pero cuando fuí madre por primera vez esa palabra, tal y como yo la entiendo e interpreto, cobró su total significado. Yo había nacido para ser madre. Ya desde pequeña tenía claro que yo no podía morirme sin ser madre. Y así ha sido. Ahora tengo dos nenes que son lo más que existe en el mundo hoy en día. Y soy feliz.

Después de encontrar mi areté, dejaron de inquietarme otros temas que me preocupaban, como cuál era mi vocación real en cuanto a lo que quería ser en la vida, si había algo para lo que yo había sido puesto en la tierra y para lo cuál tendría un talento innato.

Yo no sé si tengo un talento innato para ser madre. Para mí ser madre es lo mejor que me ha pasado y nada tiene que ver con talento o con si lo hago bien o mal. Lo hago tal y como me sale del corazón. De la forma que siento más natural posible y con todo el amor que les tengo.

Pero en el tema laboral no sabía qué era lo que yo podía hacer mejor y que me llenase. Me encantan los niños, me intriga entender el comportamiento de la gente, me gusta muchísimo la informática.

Cuando decidí qué estudiar dudaba entre psicología e informática. Como la psicología me daba algo de "miedo" por ser asignatura de letras me decidí por la informática.

Empecé a trabajar pronto y los estudios se me han retrasado muchísimo, aunque nunca he dejado de estudiar y no me arrepiento de nada. Ahora estoy a falta de una asignatura para acabar informática y tengo empezada psicología. La psicología la voy estudiando de vez en cuando más por afición que por querer el título para nada. Me considero demasiado sensible y con mucha empatía con la gente como para pensar que podría trabajar de psicóloga. Creo que sufriría con mis pacientes.
Quizás tampoco serviría. No sé si estoy capacitada para ayudar a la gente. Simplemente me intriga muchísimo el funcionamientro de nuestro cerebro y la psicología humana. Y me gustaría saber más sobre ello. Aunque al no ser una ciencia, veo ese estudio más como para saber lo que opinan "los expertos" del tema que para entender como funciona la psique humana. Creo que esto último no lo sabe nadie, ni quizás lo sabrá nadie nunca.

El caso es que un día, por circunstancias de la vida, empecé a pensar que necesitaba un cambio de trabajo. Llamé a una mujer, conocida por mis padres de muchos años atrás, para pedirle trabajo. Me había propuesto varias veces que trabajase para ella en la academia que tenía. Tanto como profesora como administrativa para la gestión de los cursos. Es una academia que imparte cursos subvencionado para adultos. Cuando la llamé me dijo: "Llevo seis años esperándote, ven a verme tan rápido como puedas." Me contrató y le doy las gracias.
Además del trabajo administrativo iba a dar clases de informática. Estaba nerviosa. Nunca había dado clases a adultos. ¿Y si no se me daba bien? ¿Y si la gente me veía demasiado joven? ¿Y si no sabía transmitir lo que sabía? ¿Me pondría roja como siempre que hablo en público? ¿Me latiría el corazón tan fuerte que no pudiese oír a mis alumnos como me pasa siempre que me pongo nerviosa? Pero me gustaba. Me encantaba la informática y me encantaba enseñar. Hasta ese momento sólo había dado clases particulares a niños o había ayudado a compañeras de clase a entender ciertas asignaturas (sobre todo de ciencias).

Llegó el primer día de clase. Me puse roja cuando empecé a hablar. Me había preparado bien lo que iba a decir, pero me puse tan nerviosa que empecé a saltarme trozos de lo que quería decir. A temblar tanto que temía caerme delante de los alumnos. A sudar... Pero, poco a poco, empecé a perder ese miedo escénico al ver que la gente me escuchaba atenta. Y empecé a enseñar.
Es una experiencia muy gratificante. Enseñar algo que te gusta y tener la suerte de tener los alumnos que he tenido hasta ahora. Todos encantadores y muy agradecidos. Les tengo un cariño especial y he conocido a montones de personas maravillosas y con un mundo por explicar.
Y además han aprendido! Y se han sentido bien gracias a mis clases.
No puedo expresar lo que se siente al transmitir lo que sabes a otra persona y ver que la persona lo asimila y luego lo utiliza en tu vida, y además, se acuerda de ti.

Todo este rollo me ha venido a la cabeza y lo he escrito tal y como se me ha ido ocurriendo porque hoy, después de casi un año he vuelto a dar una clase. A causa, primero de mi embarazo, luego de mi baja laboral y ahora porque de momento no tenemos cursos de informática en la academia, o los que hay son por la noche y no puedo darlos de momento porque Matías me necesita, llevaba mucho tiempo sin dar clases.
Ayer mi compañero Manel, el otro profesor de informática, me pidió el favor de que le sustituyese hoy en una clase de un curso de Excel porque él no podía asistir. Le dije que sí rápidamente después de pensar que tenía cubierto el cuidado de mis nenes en esas dos horas. ¡Qué ilusión! ¡Iba a dar clase!
Poco antes hoy de la clase me han entrado los nervios que me entran siempre al enfrentarme a un nuevo grupo de alumnos: ¿Les gustará como explico? ¿Les explicaré bien? ¿Me entenderán?. Pero con el agravante del tiempo que llevo sin dar clases y que hace que vuelva mi inseguridad.
He ido y la clase ha sido estupenda. Los alumnos encantadores y yo feliz enseñando otra vez. Luego todos me han agradecido la clase y me han comentado que les ha gustado mucho. Os podéis imaginar como he salido de la academia. Casi no cabía por la puerta de lo orgullosa y contenta que me sentía.

Ojalá pronto haya más cursos en la academia y pueda volver a dar clases. Creo que es el trabajo para el que he aparecido en este mundo en este momento.

8 comentarios:

Margot dijo...

Hola,tu historia me ha recordado a la de mi pareja.
El es ingeniero informatico programador, y cuando era joven ( que lo sigue siendo 36 años)daba clases en un departamento de la Generalitat.
Tu historia ienen trazas parecidas a las de él.Disfruta de tu tarbajo,piensa que todo lo puedes conseguir...
Y asi termina sucediendo, es la Ley de la atracción.
Te recomiendo esta peli-documental si no la has visto, es muy interesante.
Me alegro que te hayas sentido feliz en tu trabajo.
Besos
Margot

SandeeA dijo...

Siempre que hablas de tus hijos, o de la maternidad me siento superidentificada! pero es que hoy cuando has hablado de lo que significa para ti dar clase, y de los nervios que pasas, jajajaj, podría haber suscrito cada una de tus palabras...

Yo ahora estoy pensando si después de un año sin dar clase volveré a pasar esos apuros cuando me enfrente a un grupo de alumnos otra vez... pero sabes qué? que sé que después de esos nervios iniciales me olvidaré de todo y empezaré a enseñar, como ha ocurrido siempre...

qué curioso que no hablemos de nuestros miedos más profundos por temor a sentirnos incomprendidos, y que cuando lo hacemos, descubrimos que muchas personas se sienten exactamente igual que nosotros... qué complicado lo hacemos todo a veces, no?

yo también creo en el areté, aunque no conocía el término, creo que todos tenemos un papel que cumplir aquí en la vida... y estoy segura de que la mía ha valido la pena simplemente por haber traido a ella el ser tan especial que es mi hijo... Supongo que es lo que sentirán la mayoría de las madres, y supongo que Pablo no será tan especial... Pero le ha dado sentido a mi vida como nada antes!

Un beso :)

Maria dijo...

Gracias a las dos, qué comentarios tan bonitos me habéis dejado.
Margot, no he visto la película que comentas pero me lo anoto para verla.

SandeeA no sabía que tú también dabas clases. ¿De qué?
Tu Pablo es muy especial. Como todos. Para ti el maś especial, como para mí lo son mis hijos. Somos afortunadas, ¿verdad?

Besitos

SandeeA dijo...

soy profe de secundaria (especialidad administración de empresas) La verdad es que sí que tenemos suerte! jajajajaj

Maria dijo...

¡Uf! De secundaria! Yo no me atrevo con los adolescentes!! Jajajaa :)

Mandragora30 dijo...

Cieloooo, tus historias me llegan siempre tan adentro..
Por la parte de lo de ser madre me tocas de lleno, fíjate que siempre tuve claro que no quería casarme, al menos no "al modo tradicional", pero siempre tuve claro que sería madre.

Y lo de la profesión... chica... yo admiro a los que teneis el "areté" de la enseñanza, la paciencia necesaria para explicar las cosas hasta la saciedad... no sé, yo tengo clarísimo que no sirvo para enseñar...

Un besazo nena!!

Casa Cuti dijo...

María, compartes mi profesión y esos nervio iniciales, agravados por mi timidez innata. Menos mal que en el fondo soy payasillo y en clase nos lo pasamos genial. Los alumnos adultos tienen unas ganas de aprender locas, máxime si son de informática (yo tambien soy profe de informática en un centro privado, como tú). Es una satisfacción enorme ver que, aparte de que se lo pasan bien, terminan aprendiendo y defendiéndose por sí mismo de algo que les parecía impensable. Y si puedes, prueba con niños, jeje, son geniales. Doy, o mejor dicho, daba clases de informática a niños desde los 6 años, que su manita es diminuta encima del ratón, y lo que son capaces de hacer y asimilar los jodíos. La verdad es que me lo paso genial dando clase y ahora que ya no lo hago lo echo mucho de menos... espero me salga un curso de continua pronto que tengo el mono... ¡Adolescentes como Sandeea! uff, en cuanto me tocaban grupos a partir de 12 años ya no lo pasaba tan bien, que te torean los jodíos...

Maria dijo...

Loli, el tema de la paciencia me lo comentan también mis alumnos. No sé, a mí no me parece que tenga una paciencia especial, sólo que me gusta enseñar y más, algo que me gusta, como la informática.

Cuti, me encantaría dar clases a niños. Ojalá algún día pueda. Mi Martín, con 3 añitos es un "crack" ya con las páginas de juegos. Empezó con dos añitos así, con padres informáticos no tardó en despertársele el interés y encontré unas páginas preciosas para niños. Le compramos un ratón más pequeñito para facilitarle el movimiento y tendrías que verlo :)